
Hace unos
días me estaba preparando unos huevos rancheros ahogados con una tortita de coliflor que había sobrado del día anterior. Mientras el aceite terminaba de
dorar las tortillas y la salsa comenzaba a hervir, me quedé pensando frente al
sartén:
"A
ver… ¿y quién les puso huevos rancheros? ¿De verdad vienen de un rancho o solo
es un nombre bonito?"
La pregunta
se me quedó dando vueltas en la cabeza, así que me puse a investigar un
poquito. Y la respuesta resultó ser tan sencilla y honesta que me hizo sonreír.
Sí. Se
llaman huevos rancheros porque, efectivamente, eran los huevos que se
acostumbraban comer en los ranchos mexicanos.
Sin
misterios.
Sin nombres
franceses.
Sin
técnicas sofisticadas.
Simplemente
eran el desayuno de la gente del campo.
🤠 El
desayuno que tenía que rendir
Para
entender su origen tenemos que viajar a las zonas rurales de México de hace
muchas décadas.
Los
campesinos y jornaleros comenzaban sus actividades muy temprano, muchas veces
antes de que saliera el sol. Las jornadas eran pesadas: trabajar la tierra,
cuidar animales, cargar herramientas y pasar horas enteras bajo el calor.
Obviamente,
una taza de café y un pan no alcanzaban para sostener semejante trabajo.
Se
necesitaba un desayuno que fuera:
- Económico.
- Fácil de preparar.
- Hecho con ingredientes
disponibles.
- Y, sobre todo, que llenara.
¿Y qué
había casi siempre en un rancho mexicano?
🥚 Huevos
recién recogidos del gallinero.
🌽 Tortillas de maíz hechas en el comal.
🍅 Jitomates,
chiles y cebollas del huerto.
Las
cocineras de campo hicieron lo que las cocinas mexicanas saben hacer mejor:
tomar ingredientes sencillos y convertirlos en algo delicioso.
Doraban las
tortillas en manteca o aceite, estrellaban los huevos encima y los bañaban con
una salsa de jitomate y chile, muchas veces machacada en molcajete.
No era un
plato de lujo.
Era un
plato de necesidad.
Pero
también era un desayuno lleno de sabor, capaz de darle energía a una persona
durante varias horas de trabajo.
🍅 De los
ranchos a las fonditas
Con el paso
de los años, la gente de las ciudades comenzó a conocer este desayuno cuando
viajaba a pueblos, rancherías y caminos de México.
Les gustó
tanto que comenzaron a pedir:
"Los
huevos que preparan en el rancho."
"O
unos huevos al estilo ranchero."
Y poco a
poco el nombre se quedó.
Huevos
rancheros.
Hoy podemos
encontrarlos en fonditas, mercados, cocinas económicas, restaurantes y hasta en
hoteles internacionales. Algunos llevan frijoles refritos, otros queso fresco,
aguacate o salsa verde.
Porque la
cocina popular nunca ha sido rígida.
Cada
familia les pone su propio toque.
❤️ La cocina
mexicana nació de resolver
Lo que más
me gusta de la historia de los huevos rancheros es que nos recuerda algo que a
veces olvidamos:
Muchos de
los platillos más queridos de México nacieron de la necesidad.
No surgieron
en cocinas de lujo.
Nacieron en
hogares donde había que resolver el desayuno con lo que se tenía a la mano.
Y, siendo
honestos, muchas casas mexicanas seguimos haciendo exactamente lo mismo.
Abrimos el
refrigerador.
Vemos qué
quedó del día anterior.
Improvisamos.
Combinamos.
Transformamos.
Y de pronto
aparece un desayuno delicioso.
Como me
pasó a mí con aquella tortita de coliflor ahogada en salsa.
Por eso
creo que, de cierta manera, cuando cocinamos con ingenio y aprovechamos lo que
tenemos, seguimos honrando esa tradición ranchera que dio origen a los huevos
rancheros.
Porque la
cocina mexicana, antes que cualquier otra cosa, es creatividad, aprovechamiento
y mucho corazón.
Y ahora te
pregunto:
¿En tu casa
cómo se comen los huevos rancheros?
¿Con la
salsa bien picosa, con frijoles, con queso o cada quien tiene su propia
versión?
Porque algo
me dice que detrás de cada plato de huevos rancheros también hay una historia
familiar esperando ser contada.
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