¿Vale la pena comprar frijoles refritos con elote de bolsita? Hicimos la prueba contra una receta casera

Probamos los frijoles refritos con elote de bolsita

Hay productos que uno compra porque realmente los necesita.

Y luego están los que terminan en el carrito porque te ganó la curiosidad. Eso fue exactamente lo que nos pasó hace unos días.

Mientras recorríamos el supermercado, vimos una bolsita de frijoles preparados que presumía una receta estilo tapatía: frijoles refritos con elote.

 

Como nunca hemos viajado a Jalisco a probarlos en su versión original, nos quedamos con la duda. Allá comimos otros platos que luego les estaré contando… Regresando a los frijoles refritos con elote, me surgieron dudas como:

¿Serán tan ricos como dicen?

¿Vale la pena comprarlos?

¿O serán de esos productos que se ven mejor en la foto que en la realidad?

 

Así que hicimos lo que cualquier familia curiosa haría: pagar los 35 pesos mexicanos y llevarlos a casa para someterlos a una prueba muy seria… si mi gente, una prueba muy seria.

Bueno... tan seria como puede ser una prueba hecha entre mi mamá Marié, yo y nuestras ocurrencias de cocina.

 

El primer error: probarlos fríos

Aquí viene la advertencia que me hubiera gustado recibir antes.

No los pruebes recién salidos de la bolsa.

En serio.

No lo hagas.

Yo cometí ese error.

Abrí el empaque, tomé con los dedos un poquitín y los probé directamente.

La experiencia fue tan inesperada que me voló la cabeza, jajajaja… El aroma nos recordó inmediatamente a las carnitas de gato.

Y sí, sé perfectamente de qué olor hablo porque mi hermana tiene un gato llamado Hamburgueso y cualquiera que haya convivido con un felino entenderá la referencia, jajajajaja.

La textura fría tampoco ayuda mucho.

Todo se siente extraño.

Pero aquí es donde ocurre algo interesante.

 

El fuego hace magia

Una vez que los calentamos, la historia cambió por completo.

El aroma mejoró.

La textura se volvió más agradable.

Y acompañados con quesito y unos totopos, los frijoles empezaron a parecerse mucho más a una botana que sí volveríamos a comer.

No diría que nos cambiaron la vida.

Pero tampoco resultaron tan malos como parecía en el primer bocado.

Simplemente descubrimos algo importante:

Estos frijoles están pensados para comerse calientes.

 

El reto: Mamá Marié contra la bolsita

Como suele ocurrir en esta casa, una cosa llevó a la otra.

Y entonces apareció la pregunta inevitable:

—¿Y tú los podrías hacer mejor?

Mi mamá sonrió.

Y cuando Mamá Marié sonríe en la cocina, normalmente significa que alguien va a perder una competencia.

Así comenzó el reto.

 

El gran debate del elote

Para la versión casera utilizamos elote amarillo.

Y aquí encontramos una diferencia importante.

Si te gustan los sabores que mezclan lo dulce con lo salado, el elote amarillo funciona muy bien porque aporta un dulzor natural bastante agradable.

Pero si eres de los que no soportan encontrar notas dulces en los guisos salados, probablemente prefieras utilizar elote blanco mexicano.

El elote blanco aporta textura, cuerpo y sabor sin alterar demasiado el perfil tradicional del frijol.

Todo depende de tu gusto.

Porque en la cocina de casa no existen reglas absolutas.

 

La verdadera batalla: el bolsillo

Y aquí fue donde la receta casera ganó por goleada.

Los 35 pesos de la bolsita alcanzaron para una botana pequeña.

Nada más.

En cambio, la versión casera salió muchísimo más rendidora.

Utilizamos:

  • Tres elotes amarillos que costaron apenas 9 pesos.
  • Un poco de aceite.
  • Cebolla.
  • Ajo.
  • Epazote recién cortado del jardín.
  • Un litro de frijoles de olla que ya teníamos congelados.

Con eso salió una cacerola completa.

Comimos cinco personas.

Nos alcanzó para dos días.

Y todavía hubo suficiente para compartir con una visita inesperada.

Cuando uno hace cuentas, entiende por qué tantas recetas mexicanas siguen sobreviviendo generación tras generación.

Porque además de sabrosas, son inteligentes.

Reto frijoles de bolsita vs frijoles caseros

Los mejores totopos son los que ya estaban en casa

Para acompañar los frijoles tampoco corrimos a comprar frituras.

Simplemente tomamos unas tortillas que habían quedado del día anterior.

Las cortamos en triángulos.

Las freímos.

Y listo.

Totopos caseros, crujientes y mucho más baratos.

A veces creemos que para disfrutar una buena botana hace falta gastar más.

Pero la cocina de casa suele demostrarnos exactamente lo contrario.

 

Entonces... ¿quién ganó?

La bolsita nos regaló una experiencia divertida y nos permitió conocer un sabor que nunca habíamos probado.

Pero la versión de Mamá Marié nos recordó algo que pasa una y otra vez en esta cocina:

Cuando tienes frijoles de olla, un poco de creatividad y ganas de experimentar, casi siempre terminas comiendo mejor.

Y además alimentas a todo el batallón. Si quieres ver el vídeo de la prueba de estos frijolitos y ver cómo preparó Mamá Marié su receta para retarnos, aquí te lo dejo, y recuerda suscribirte que vienen más retos...

Publicar un comentario

0 Comentarios