
Hay recetas
que toman tiempo.
Y luego están las recetas que además de tiempo… piden paciencia.
Estas
tortitas de coliflor rellenas de queso son de esas comidas que no se hacen con
prisa.
Son de las que llenan la cocina de olor, de vapor y de conversaciones mientras
una espera a que todo quede listo.
Mi mamá
Marie las prepara desde que tengo memoria.
Y ella, a su vez, aprendió a hacerlas de mi bisabuela Micaela, que cocinaba de
esas comidas que uno no olvida aunque pasen los años.
Yo sé que
hay muchísimas formas de hacer tortitas de coliflor.
Cada casa tiene su manera, cada cocinera tiene sus trucos y hasta cada sartén
parece cambiarles el sabor.
Pero esta
receta tiene algo que me encanta:
- No lleva pan molido ni harina mezclada con la coliflor.
- Solo la verdura bien exprimida, queso por dentro y el capeado por fuera.
- Y sinceramente… quedan buenísimas.
Una receta
de verduras… para gente que no está a dieta 😄
Sí, ya sé… Hoy
pareciera que cualquier receta que lleve aceite automáticamente entra en la
lista negra de internet.
Pero
también creo algo:
Las recetas
de antes tenían paciencia, sazón y sentido común.
Y mira… mi
abuela pasó de los noventa y tantos años comiendo comida real.
Así que yo
prefiero quedarme con esas recetas que se disfrutan sin culpa y con ganas.
Además,
estas tortitas no quedan pesadas ni saben exageradamente a huevo como muchas
otras recetas capeadas.
Y eso tiene
sus secretos.
El detalle
que cambia por completo las tortitas
Mi mamá
siempre le quita el tallo grueso a la coliflor.
Solo usa
los arbolitos.
Dice que si
se deja el tallo:
- el sabor se vuelve más fuerte
- la textura cambia
- y la receta puede terminar sabiendo demasiado a huevo
Y
honestamente… sí tiene razón.
Yo alguna
vez omití ese paso pensando “ay, no pasa nada, voy a aprovechar hasta el tallo
para no tirarlo”…
Y sí pasó… Gabriello
no se las comió, dijo que tenía un sabor fuerte a huevo 😅
Cómo
cocemos la coliflor en casa
Ya limpios
los arbolitos, se ponen a cocer en abundante agua con sal de mar en grano.
Hasta que
quedan suaves… pero no deshechos.
Sé que
mucha gente prefiere dejar la coliflor medio cruda para “no perder nutrientes”,
pero en mi caso no funciona.
Si la como
muy firme me inflama muchísimo.
Bien cocida
la disfruto mucho más.
Y al final
también se trata de cocinar como a uno le cae bien la comida.
Mientras tanto…
la salsa empieza a llenar la casa de olor
En otra
olla se ponen a cocer:
- jitomates
- chiles, si porque somos una casa mexicana, comemos picante, pero no tanto.
- ajo
- cebolla
- apio
- perejil
- sal
Todo junto,
hasta que el jitomate queda suavecito.
Y desde ahí
la cocina ya empieza a oler a comida de verdad.
Aquí es
donde ocurre la magia
Cuando la
coliflor ya está lista, se deja escurriendo.
Y mientras
tanto se preparan trozos de queso para el relleno. Mamá usa queso cotija, así
lo compra aquí en Morelia, pero también se le conoce como queso de cincho,
queso oreado, queso de rancho. Y te preguntarás, ¿puedo usar otro queso, como mozarela,
quesillo o asadero, chihuahua? Siii, si puedes usarlo, ahora sí que es a tu
antojo.

Entonces mi
mamá toma un arbolito de coliflor y con las manos bien limpias comienza a
apretarlo hasta sacarle toda el agua.
¡Toooooda!
Hasta
formar una bola firme, como del tamaño de una pelota pequeña.
Después le
hace un huequito en medio, mete el queso y vuelve a cerrarla con la misma
coliflor.
Y aunque
parezca imposible…
- Sí quedan firmes.
- No se desbaratan.
- No quedan aguadas.
Y ahí es
donde entiendes que las recetas antiguas tenían técnica aunque nadie le pusiera
nombre elegante.

El capeado
que no sabe demasiado a huevo
Mientras
las tortitas esperan, se prepara el huevo.
Las claras
se baten hasta punto de turrón y luego se incorporan las yemas poco a poquito.
Aquí mi
mamá agrega unas gotas de limón.
Según ella,
eso ayuda a que el capeado no tenga ese sabor fuerte a huevo.
Y otra vez…
sí funciona.
El momento
de freírlas
Las
tortitas primero pasan por un poquito de fécula de maíz y luego por el huevo.
Después se
van al aceite caliente.
Pero no
humeante.
Ese detalle
importa muchísimo.
Mi mamá les
va echando aceite encima con una cuchara mientras se doran y luego las gira
cuidadosamente.
Y poco a
poco la cocina empieza a oler increíble. Si ya se, algunas personas que comen
con culpa dirían que huele a aceite humeante.
La salsa
donde terminan ahogadas
La salsa ya
cocida se licúa y se vierte en una cacerola con un poquito de aceite… ¿más
aceite?... siii, es necesario darle una pasadita por allí al a salsa.
No se
cuela.
Va directa.
Y cuando
comienza a hervir, se sazona con una pizca de:
clavo
molido
pimienta molida
comino molido
ajo en
polvo
sal
Luego una
rama de cilantro termina de darle aroma.
Y ahí sí… entran
las tortitas.
La parte
que más desespera… pero más mejora el sabor
Las
tortitas se dejan hervir un rato dentro de la salsa.
Después se
apaga el fuego.
Y todavía
reposan más tiempo.
Porque así
se cocina en mi casa: sin prisas.
Y
honestamente, sí cambia el sabor cuando la comida descansa.
Cómo las
comemos en casa
Con arroz
blanco quedan increíbles.
Pero también con frijoles, con tortillas o simplemente
solitas con bastante salsa, porque la verdad… la salsa termina siendo media
comida también 😄
Estas
tortitas requieren tiempo.
No son una
receta rápida de cinco minutos.
Pero
tampoco son difíciles.
Solo hay
que seguir el proceso, tener paciencia y dejar que la cocina haga lo suyo.
Y quizá por
eso saben tan especiales.
Porque las
recetas lentas muchas veces también guardan recuerdos.
También puedes ver la receta paso a paso en nuestro canal de YouTube de Cocinablogmx, puedes suscribirte si gustas, así no te pierdes las próximas recetas. ¿Te animarías a hacerlas?
0 Comentarios