Las donas del Mundial y el talento que también se hornea en las panaderías mexicanas

Hay cosas que uno espera encontrar cuando entra a un supermercado: pan, tortillas, leche o el mandado de la semana. Pero hay otras que aparecen por sorpresa y te arrancan una sonrisa.

Creatividad en la panadería mexicana

Eso me pasó hace unos días en el área de panadería de un Soriana aquí en Morelia. Mientras recorría los estantes, me encontré con una charola llena de donas decoradas como si fueran pequeños uniformes de fútbol.

Había camisetas verdes con nombres y números, donas pintadas como balones y otras con corazones tricolores. Todo por apenas diez pesos cada una.

No pude evitar detenerme un momento a verlas.

Y entonces pensé que detrás de cada una de esas donas había alguien que decidió hacer algo más que seguir una receta.

 

La creatividad también forma parte de una receta

 

Preparar una dona es una cosa.

Pero convertirla en una camiseta de la Selección Mexicana ya es otra historia.

Alguien tuvo que pensar en los colores, en los detalles del uniforme, en escribir los nombres, acomodar el glaseado y hacer que, antes de dar el primer bocado, a uno le dieran ganas de tomarle una fotografía.

Eso también es cocinar.

Porque la cocina no solo alimenta el estómago; también despierta emociones.

 

México tiene una costumbre muy bonita

 

No sé si esto ocurra igual en otros países, pero aquí en México es muy común que las panaderías, pastelerías y supermercados adapten sus productos según la temporada.

En enero aparecen las Roscas de Reyes.

En febrero llegan los corazones para San Valentín.

En septiembre todo se llena de banderas y colores patrios.

En noviembre aparecen panes decorados para Día de Muertos.

En diciembre no faltan los panes navideños.

 

Y cuando hay un Mundial, muchas vitrinas se llenan de balones, camisetas y los colores de la selección.

Es una forma sencilla de hacer que un pan también participe en la fiesta.

 

La receta nunca deja de evolucionar

 

A veces pensamos que cocinar consiste únicamente en respetar una receta al pie de la letra.

Pero estas donas me recordaron que una receta también puede ser un lienzo.

La masa sigue siendo la misma.

El glaseado también.

Lo que cambia es la imaginación de quien las prepara.

Y eso hace que un alimento cotidiano se convierta en parte de un recuerdo.

Quizá dentro de unos años nadie recuerde el marcador de aquel partido.

Pero estoy segura de que muchas familias sí recordarán la reunión frente al televisor, el café de la tarde y aquella caja de donas que alguien llevó para compartir.

 

Las mejores recetas también cuentan historias

 

Eso es lo que más me gusta de recorrer panaderías y supermercados.

No solo voy buscando qué comer.

También voy descubriendo las ideas de personas que encuentran formas de hacer sonreír a los demás con algo tan sencillo como un pan.

Porque al final, la creatividad también alimenta.

Y en México, afortunadamente, nos sobra de las dos.

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